
(Continúo viéndome a mi misma, desde la postura de espectador)
Aceleré aún más los firmes y certeros pasos.
La noche iba dejando entrar la luz del día, la suave brisa que acariciaba mis cabellos trajo consigo un olor a mar, a salitre..., me encantaba aquella sensación de semi-obscuridad, soledad e impresiones olfativas.
Mi respiración era agitada, mientras subía aquel camino encrespado y abrupto, de escasa vegetación.
De pronto me detuve, había llegado al punto más alto de una atalaya, desde allí podía deleitarme con las magnificas vistas que me ofrecían sus ojos.
"Regalos naturales", dije para mí.
Casi se podían escuchar los fuertes latidos de mi corazón, extendí los brazos en cruz mientras abría un poco las piernas, eché la cabeza hacia atrás y aspiré profundamente.
Así me mantuve un largo espacio de tiempo..., posteriormente relajé el cuerpo, incliné levemente la cabeza hacia abajo y miré el mar, mis cabellos bailaban revueltos al compás del viento.
Me percaté de que había fijado el ángulo de visión en un punto y ni tan siquiera pestañeé...
Entonces tomé conciencia de que era yo quien estaba allá arriba, seguía observándome y no lograba conocer el sitio en el que me encontraba, me sentí extraña y tuve miedo...Continuará....
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