Quisiera ser hilandera de frases y dar puntadas con las letras para colmarlas de ideas.
Erase una vez (así empiezan la mayoría de los cuentos), en Hervas, municipio perteneciente al Valle de Ambroz, situado al norte de la provincia de Cáceres.
Allí nació, vivió y murió Ariel, de profesión zapatero y curtidor. Un joven, atletico y guapo de tez trigueña y cabello castaño.
Los días iban alargandose hacia el solsticio de verano, aumentando de forma considerable la luz y el calor.
Era principios de mayo, fecha próxima a la cerecera, época de recolección, y asi sumarse al programa festivo y gastronómico que se celebra en el vecino Valle del Jerte,
Se sentía inquieto, sabia que pronto veria a Abigail pasar por delante de su taller situado a pleno pie de calle, cargada con cestos repletos de cerezas para venderlas en el pequeño comercio familiar.
Aquella moza lozana de piernas largas, carácter inquieto y ojos negros. agitaba todos sus sentidos.
Ariel tenía en mente hablar con el padre de de la joven, y solicitar su permiso para que le acompañase a la romería de los paporros, previa a la celebración de pentecostes.
Sabía que era bueno para ambas familias, convivir y acercarse a otros pueblos.
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