
Aún recuerdo la flor
que me regalaste aquel día,
estaba recién cortada
y sus colores quemaban, ardían.
Ahora la conservo plegada
entre las paginas de un libro,
y sin derramar una sola gota de tinta
escribe historias de amor,
desamor,
dicha
y desdicha.
Con el paso del tiempo voy y la miro,
para encontrarla sin luz, ajada, frágil y quebradiza,
está allí para demostrarme
de forma breve y concisa,
que así es sencillamente..., la vida.
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