
Manoseando las letras, a veces, lo único que consigo es manchar las palabras.
¿Por qué es tan costoso escribir?, cuando el sentir nace del alma.
¿Vergüenza?, no, no creo.
Quizá mi conocimiento de la lengua sea escaso..., o pudiera ser que las representaciones gráficas se enmarañen entre sí, hasta generar trabazones en las frases.
Desde luego que todo ha de tener su ritmo, pero..., ¡ya frustrada!, compruebo que mi oratoria danza sin pareja y no encuentro prenda alguna para adornarla, mientras intento orquestar un soliloquio que gira solo.
Y luego, ¡la composición es tan clara!..., eso sí, dentro de mi cabeza.
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