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jueves, 14 de enero de 2010

El juego (III), el principio...


Consiguieron verse. Y en ese momento ya no eran necesarios los ojos, incluso sobraban los cuerpos.

Se conocían desde el principio de los tiempos, habían labrado recuerdos mientras descubrían puertas que sólo pueden abrirse una vez, desplazaban adversidades, inventaban mundos en universos paralelos, eran partícipes y protagonistas en el juego más mágico y seductor de la historia jamás contada.

Un sentimiento de placer les inundó, habían conseguido desarmarse en pequeños fragmentos de invisible materia, no había nada terrenal, ni táctil..., solamente habían conservado su Yo interno, su alma, su energía.

Y cuando dos energías prácticamente iguales, en vez de repelerse se buscan para fusionarse, algo ocurre el universo.

Se formó una nube de polvo, y allí escondidos del ojo humano, una necesidad incontrolable hizo que uniesen sus almas, la temperatura se elevó al máximo y algo estalló en esa fusión..., su poder se multiplicó a todas las escalas liberando la luz más intensa e inagotable que se pueda imaginar.

Ya estaban juntos para siempre, jamás se separarían, estaban unidos por lazos indestructibles..., ambos eran uno, ambos formaban una fusión de energía.

Un parpadeo brillante nació en el cielo..., habían creado una estrella
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sábado, 9 de enero de 2010

El juego (II)



Se sentía cómodo a su lado.

Era sumemente inteligente, con ese punto malvado a la vez que bondadoso, podía resultar pícara a la vez que púdica y era astuta, muy astuta..., pero no tanto como él.

Y mientras la dejaba volar en su nube de sueños, de eternas fantasías, de inalcanzables placeres, inumerables guerras y de fuerza incierta, era él quien marcaba el compás de los hilos sin que ella ni tan siquiera se percatase.

Nunca le haría daño, intentaba protegerla y hacer que se sintiese bien consigo misma y con el mundo. Y él actuaba a modo de espejo, quería enseñarle el poder que pueden llegar a tener algunas mentes, pero para ello debía conocerse así misma y controlar sus impulsos.

Jamás la había engañado, ni mentido, siempre había sido certero y directo, sólo entretenía a sus ojos y oídos con lo que ella creía ver u oír.

continuará...

Las almas más grandes son tan capaces de los mayores vicios como de las mayores virtudes(Descartes)
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lunes, 4 de enero de 2010

El juego (I)


Ella quería jugar, mientras le envolvía de forma tortuosa en sus redes.
En ese momento era uno más, un simple peón en el tablero de la vida que ella podía dominar a su antojo.
Quería tenerla, necesitaba saber quien era realmente, pero cuando creía acercarse hasta casi tocarla, ésta se escapaba como humo entre los dedos.
Y reía, siempre reía dejando una estela de mágicos sonidos cuando se alejaba.
¿Se reía de él?, ¿se reía de ellos? o quizá simplemente se sentía feliz.
Era incapaz de encasillar, de encontrarle un perfil a aquella mujer, y eso la hacía más atípica, más apetecible, más encantadora, más inaccesiblemente malvada y extraña, lo cuál enaltecía sus sentidos.
Le había cautivado.
Por su vida habían pasado un sin fin de jugadores anónimos y sin nombre, de buenos competidores..., innumerables seres cargados de problemas, fantasías, deseos y placeres. Pero a ella la sentía especial aunque siempre se empeñase en recordarle que todos tenemos ese punto singular que nos hace únicos e irrepetibles.
Ahora habían cambiado las tornas, hacía años que creía conocer el tablero de la vida, pero aquella dama estaba descuadrando todo lo que pensaba certero.
Estaba desconcertado y perdido.
Y en ese momento de incertidumbre llegó a su mente una célebre frase de Carlo Dossi - los locos abren los caminos que más tarde recorren los sabios.
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continuará...
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